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Mujeres y corazon

Entre los más grandes temores de las pacientes
femeninas se encuentra…

 

el cáncer de seno. No es para menos, nunca serán excesivas las medidas que se tomen para evitar esta terrible enfermedad. Pero el corazón también existe, y no por proteger el seno debemos descuidar a este importante órgano. Actualmente el cáncer de seno es responsable de 27% de la mortalidad femenina, en tanto que, las muertes por fallas cardiovasculares, ocurren en una de cada dos mujeres.

El corazón es muy traicionero; muchas mujeres que fueron sorprendidas por un evento cardiovascular súbito, se sentían perfectamente bien el día anterior. Aun así, son muy pocas las mujeres que conocen sus propios riesgos. Por otra parte, esperar los primeros síntomas, como un dolor en el pecho durante los esfuerzos, para entonces iniciar la prevención, puede resultar demasiado tarde.

Factores de riesgo

La obesidad, la insulina elevada, la diabetes tipo II o del adulto, el hábito de fumar y la vida sedentaria son factores de primera línea.

La obesidad, particularmente si predomina en la zona abdominal, es el factor más peligroso ya que afecta los receptores de la insulina en el músculo, por lo que ésta tiene que elevarse más de lo normal para poder funcionar. Al principio, gracias a este incremento de insulina, el azúcar proveniente de la comida pasa adecuadamente de la sangre a los músculos. Luego, este transporte se vuelve lento y el azúcar sanguíneo permanece elevado por muchas horas después de comer. Finalmente, si el exceso de peso continúa, el azúcar puede llegar a permanecer elevado en la sangre, inclusive hasta la mañana del día siguiente, y a esto ya se lo denomina diabetes.

Esta cadena involucra un gran riesgo para las coronarias, pues aun estando el azúcar normal, los exagerados niveles de insulina provocan la elevación de los triglicéridos y un descenso del colesterol protector, lo que favorece la aterosclerosis y la obliteración de las arterias coronarias.

Además de aumentar los triglicéridos y disminuir el colesterol protector o HDL, el exceso de insulina eleva la presión arterial, produciendo hipertensión.

El otro factor de riesgo para el corazón es el colesterol. Este puede elevarse por razones hereditarias, por la obesidad y por el tipo de alimentación. Además, suele elevarse cuando descienden las hormonas femeninas o estrógenos, como ocurre en la menopausia. En esta etapa el colesterol malo tiende a subir, a la par que baja el colesterol bueno; por este motivo el riesgo cardiovascular se incrementa al llegar la menopausia. Mientras más elevado está el colesterol, más rápido se tapan las coronarias y más rápido ocurre el infarto.

Los cuidados

Ni la insulina ni los triglicéridos ni tampoco el colesterol alto producen ningún malestar. Algunos creen que el colesterol elevado provoca mareos, pero esto es falso, el colesterol lo único que produce es infarto, y mientras las coronarias se van tapando, uno todavía se siente excelente. Cuando una coronaria se tapa completamente, aparece el dolor en el pecho y el infarto. Obviamente no podemos esperar a que esto ocurra.

La alimentación debe solucionar el problema de obesidad. Pero la prevención cardiovascular amerita una dieta que garantice a la persona ser delgada para siempre. Para esto, la dieta debe cumplir con tres factores básicos: garantizar que el paciente nunca sienta hambre, que físicamente se sienta mejor que antes de comenzar el régimen de adelgazamiento y que éste último controle la adicción a los carbohidratos.

Es conveniente incluir en la dieta alimentos ricos en fibra, como avena o trigo integral, pero sólo en el desayuno, debido a que a otras horas favorecen la ganancia de peso. Se debe evitar el consumo de harinas en las horas nocturnas, pues los carbohidratos provocan picos de insulina mucho mayores, facilitando de esta forma que se engorde y que se eleven los triglicéridos y la presión arterial.

Grasas como la mantequilla, la margarina o las frituras, así como los huevos o las grasas animales, deben ser sustituidos por aceite de maíz o de oliva, que son menos dañinos para el corazón.
Los estrógenos que se solían indicar a las mujeres con el colesterol alto por causa de lamenopausia están actualmente en revisión, pues se observó que, en las personas con problemas cardiovasculares, dichos estrógenos no disminuyen la incidencia de infarto, e inclusive que pudiesen aumentar este riesgo así como el de trombosis. Por otra parte, si bien es cierto que los estrógenos bajan el colesterol también elevan los triglicéridos. De allí que, en algunas pacientes, los estrógenos pueden hacer daño.

Finalmente, las mujeres obesas que tienen la presión arterial y los triglicéridos elevados, deben hacer ejercicios. Una caminata, aunque sea media hora diaria, mejora sustancialmente la acción de la insulina. En estas pacientes resultan muy beneficiosos los medicamentos que facilitan la acción de la insulina.

Los medicamentos no hormonales que disminuyen el colesterol son muy acertados en aquellos casos en los que la dieta sola no resulta suficiente. Por su parte, la aspirina previene el componente trombótico de los eventos cardiovasculares.

 

Gabriel Robledo Kaiser, M.D.
CARDIOLOGO
DIRECTOR CENTRO CARDIOLÓGICO DE BOGOTÁ

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